Pasaje

Floto en un mar rosa de pétalos de agua. Floto relajada y desvergonzada pues el universo me espera. Me sacudo a cuestas de alguien a quien le da placer llevarme. Río con ella y sueño con ella. Ya me le parezco. Por este rato somos una y no nos molesta. Soy como gelatina por fuera y torpedo activo hacia adentro. Con la inquietud crezco y vivo en éxtasis.

La carne se exagera con calma y el cuerpo se ensancha, se agranda, se planta y propone un nuevo cuerpo, más grande, más caprichoso, más expansivo. Cada poro dilatado se vuelve un brazo en el mar: capturo el movimiento del agua, lo registro, lo hago mío, gozo en su roce, lo absorbo y me hago más fuerte.

Descubro mis partes y succiono la carne. Juego, juego seguridad. Agradezco tanto amor. Respondo pedidos con mis piernas tímidas y delgadas. Golpeo para que sepan que estoy ahí, jugando en puro placer en puro navegar en puro levitar. Me muevo y aprecio y soy bombón de terciopelo.

La mujer me lleva con una tranquilidad admirable. Camina con orgullo y frescura. Su movimiento joven me da certidumbre. Se ocupa del cuerpo tanto como es necesario. Su ser se emociona al sentirme mujer.

Respiro sueño y recuerdos de un más acá. Floto y despierto y vuelvo a soñar. Nos levantamos sin luz por un pedazo de calma. Nos encontramos a solas con las palabras. Te regocijás leyendo de a ratos, madrugando, en una pausa. Confesás que los autores viejos dicen cosas nuevas. Será que cargás lo nuevo y te sentís abstraída, superada, superando.

Tu tranco es animado y paciente. Vamos de aula en aula y de pasillo en pasillo. Escucho murmullos, mujeres con incertidumbres crónicas. Tu voz pasión es caramelo tranquilizador que me envuelve en un aire monótono y llama al sueño. Me duermo mientras la mente cabalga en la constancia de ese sonido.

Floto en tibieza recogida. Medito mientras puedo. Me preparo para mucho y tal vez hables de eso. El trance es constante y absoluto y sólo me dejo llevar por el palpitar.

Estoy acá y allá. Todavía siento tanto por hacer de los dos lados. Soy mojarra de pecho y mi lengua disfruta cada grano de azúcar que llueve y rodea. Toda el agua se vuelve dulce y mi energía brota en capullos de piernas disparadas. Soy capuchón de mermelada, nado y como y me relamo.

Floto hoy, floto mañana, floto ayer. En mi ser traigo la carga de la pausa y la pesadez del desafío de tener que arrancar de nuevo para cerrar de nuevo. Me siento mujer en dos mujeres. Sé dónde estoy parada. Soy cristal naranja que flota al ritmo de dos motores. Hay algo del futuro que me busca desde siempre. Hay algo que debe ser concretado. Hay amor y hay lágrimas tragadas y nunca vistas. Hay una historia de campo y árboles en soledad que se funde y me invita a la unión. Hay una niña mujer que propone una vida festiva e insaciable. Hay en el aire pretensión de perfección y desazón con el conformismo.

Levito en el limbo de la espera sin apuro, de la espera sin espera, del estar sin tiempo, del estar en equilibrio con el cambio, del cuerpo entero, repleto, expansivo. Levito feliz en el mar del nido, en la pompa tibia de contención, en el abrazo eterno, en la comunión infinita, en el paraíso del pasaje.