Rayos

Desperté sabiendo que todo lo que me gusta no me gusta. Es decir, que lo que me gusta, no me gusta de por sí. Mi gusto es por nodos de lazos disparados con el correr del transcurrir. Es decir, todo lo que me gusta es muchas cosas encontradas que me atraen en su suma. ¿Podrían haberse encontrado en otros puntos? Podrían. ¿Existe, al fin, el punto? ¿Somos, entonces, lluvia de rayos a punto de ser otros?

Es decir que amanecí sabiendo, por ejemplo, que todos los hombres el hombre. Es decir, que todos los rasgos, un ser. Entonces los hombres que me han gustado no me han gustado. Me han gustado pinceladas, pelos, marcas, colores de ellos, en esta vida y en otras. Da la casualidad de que un gran número de aspectos coinciden en un cuerpo y me quedo con el cuerpo pensando que es un hombre. Pero no es un hombre sino un conjunto de deseos construidos ancestralmente por mí y por mis madres y por mis padres y hermanos y amigos y mascotas.

Entonces no es Él, son las tetillas, las manos fuertes pero delicadas, la delgadez, los adornados ojos, la inquietud, las raíces en mi raíz, la forma de agarrar el cigarrillo, la timidez en la risa, los chistes crónicos y rebosantes. El desentendimiento, la espalda doblada que oculta y que carga, la dedicación exclusiva al interés, el gusto por mí, la manera de leerme y de penetrar; la mirada siempre en el horizonte, un interrogante en el pecho, la acariciada autoatención, la capacidad de manejo, la tierna crueldad, el beso especial.

Son los hermanos, la limpieza, el hambre de huida, el encanto del habla y el secreto del silencio. El olor de los pelos y el brillo del encantamiento. La ambición sin fortuna y la afortunada ambición con la que nacen unos pocos. El arma de conocer al enemigo y de radiografiar el objetivo. La capacidad de respuesta a las respuestas. La agilidad en los juegos de azar, el liderazgo sutil, la brújula oculta de la manada.

Son las marcas de los padres y abuelos y las meriendas humildes en los barrios. El peronismo que se lleva en la sangre aunque no se sepa. La ingenuidad portadora de causas nobles. El perfil de salmoncito en crecimiento sostenido. La credulidad en la noche y el cariño a la tradición. El permiso para la crítica cotidiana a los estúpidos órdenes que supimos conseguir. La natural prolijidad. La burla contra mis planes, la boca rayo sonriendo áspera ante mis sueños.